Bombas en India,Turquía e Irak: Las «coincidencias» fortuitas

Terrorismo y teorías conspirativas

Por Manuel Freytas (*)
manuelfreytas@iarnoticias.com

Entre el fin de semana y este lunes estallaron bombas en la India, Turquía e Irak que produjeron decenas de muertos y heridos.
Las principales ciudades de India se encuentran en estado de alerta mientras la policía busca a los responsables de la serie de atentados «terroristas» que dejaron al menos unos 45 muertos en la ciudad de Ahmedabad, en el estado de Gujarat.
Por otra parte, al menos 16 personas murieron y 154 resultaron heridas en dos explosiones ocurridas el domingo en Estambul, la principal ciudad de Turquía, en lo que las autoridades describieron como un «ataque terrorista».

Imagen del atentado a las Torres Gemelas, el 11 de septiembre de 2001, en Nueva York.


Este lunes, en Bagdad, tres mujeres suicidas dejaron al menos 28 muertos y 92 heridos, en plena peregrinación chií hacia la capital iraquí, donde se celebra un importante evento religioso, de acuerdo con información oficial.

En la ciudad de Kirkuk, en el norte del país, otra bomba mató al menos a 22 personas e hirió a otras 150 en una manifestación en contra de una controvertida ley sobre las elecciones provinciales de Irak en la que participaban miles de personas.

Imagen de uno de los atentados terroristas en la India durante este fin de semana.

Primera coincidencia: La semana pasada, el candidato demócrata a la presidencia de EEUU se abrazó con Sarkozy (el principal lobbista de la guerra contraterrorista» en Europa) y culminó una gira en Europa  haciendo una apología de la «guerra contraterrorista» frente a una multitud de más de 100.000 personas en Francia.

En la misma gira, Obama adelantó su apoyo incondicional a Israel (en caso de que gane la presidencia de EEUU en noviembre) y advirtió a Irán que la opción de un ataque militar a sus usinas atómicas está sobre la mesa para el caso de que no renuncie a su programa nuclear.

Segunda coincidencia: Los presuntos autores de los «ataques terroristas» en India, Turquía e Irak son grupos islámicos «fundamentalistas», empezando por Al Qaeda en Irak.

Tercera coincidencia: La Unión Europea (a quien Obama llamó a «combatir el terrorismo»)  y la OTAN (que combate al «terrorismo» en Afganistán) condenaron este lunes «de la manera más enérgica posible» los atentados. «Espero que los autores de estos atroces actos terroristas sean llevados rápidamente ante la justicia», subrayó Javier Solana a través de un comunicado.

Cuarta coincidencia: La semana pasada, luego de que fracasara la reunión de «acercamiento» de la Casa Blanca con Teherán, EEUU advirtió a Irán que debe finalizar con el enriquecimiento de uranio y desmantelar los «objetivos militares» de su programa nuclear.

Quinta coincidencia: Mamhoud Ahmadineyad, el presidente de Irán, afirmó el sábado que, bajo ninguna circunstancia ni presión, Irán abandonará su programa nuclear tal como está planteado.

Sexta coincidencia: Las cinco potencias del Consejo de Seguridad de la ONU (EEUU, Gran Bretaña, Francia, Rusia y China) deberán reunirse para debatir nuevas sanciones de extrema dureza contra Irán por persistir con el desarrollo de su programa nuclear.

Terrorismo y teorías conspirativas

La experiencia es clara: Cuando hay atentados con bombas, hay un objetivo político detrás que los guia.
En todo atentado «terrorista» siempre hay un autor, una victima y un beneficiario. De estos tres actores, el que siempre queda en las sombras es el beneficiario y, consecuentemente, el objetivo que guía el ataque nunca se conoce.

Una de las victimas del atentado a las Torres Gemelas.

Un técnica recurrente a la que acuden siempre los expertos (no oficiales) para ubicar el objetivo, consiste en detectar al beneficiario. Si se conoce el beneficiario, se conoce el objetivo y viceversa.

Y hay datos históricos: En los prolegómenos de las invasiones militares a Irak y Afganistán, hubo cadena atentados terroristas en varios países comenzando por el 11-S en EEUU.

Posteriores ataques, con epicentro en el 11-M en España, tuvieron como escenario procesos electorales o coyunturas particulares de crisis de la Casa Blanca con Bush en la administración.

Ya más cerca del presente, cadenas de atentados (y también de amenazas) con el 7-J en Londres como epicentro, tuvieron como escenario la aprobación de planes y legislaciones antiterroristas tanto en EEUU como en Europa, que a su vez, produjeron un reverdecer de la industria bélica con la «guerra contraterrorista».

Indefectiblemente, y tal cual lo demuestra el proceso histórico, los ataques terroristas, sucedan donde sucedan siempre tienen algún hilo de conexión con el todo. Y las redes de ese todo, siempre terminan en Europa o en la Casa Blanca.

A esta altura de la democracia y el pacifismo muchos creen que la CIA (compuesta por decenas miles de agentes desplegados por todo el planeta y financiada por miles de millones US$) es un invento de los escritores de espionaje que se agotó con la Guerra Fría.

LaCIA, el resto de las agencias estadounidenses, los servicios europeos, el Mossad israelí, con sus formidables estructuras y poder financiero e informático existen. Operan las 24 horas, y no precisamente haciendo turismo por el mundo.

Oficialmente revelado por primera vez, el Gobierno de EEUU gastó US$ 43.500 millones en el rubro «inteligencia» en el año fiscal 2007. La cifra equivale al 10% del gasto total de Defensa, a un 1,6% del presupuesto total de EEUU, y de ese monto, la CIA, la agencia mayor, insume U$A 27.000 millones.

De ese porcentual, más de un tercio es dedicado a operaciones encubiertas de la Agencia por todo el planeta.

Las operaciones encubiertas, en consecuencia,  no son obra de las imaginaciones «conspirativas»: Son parte esencial del funcionamiento de esas maquinarias espeluznantes que conforman los servicios de inteligencia, que se llevan una de las tajadas más importante de los presupuestos armamentistas a escala mundial.

Y como en el mundo nivelado por el sistema capitalista prácticamente ya no se derrocan gobiernos por la vía armada ni se asesinan dirigentes ni presidentes (el objetivo principal de las operaciones encubiertas de la Guerra Fría) hoy la misión esencial de las operaciones encubiertas se desarrolla dentro del rubro «terrorismo«.

Más allá de su demonización, el terrorismo es antes que nada un arma de guerra política-psicológica.

A diferencia del teatro de la Guerra Fría, hoy el arma «terrorismo» no se utiliza para «desestabilizar» o derrocar gobiernos (para eso están los nuevos mass media) sino para crear y nivelar conflictos a escala mundial.

La «magia mediática» (a través de la imagen globalizada)  hace que una explosión «terrorista» sucedida en cualquier lugar remoto del planeta sea percibida con la misma intensidad emocional por los habitantes del planeta a escala global.

Todo el proceso de «terrorismo mediático» con Al Qaeda y Bin Laden, desde el 11-S en adelante, se desarrolló en los medios de comunicación, principalmente en las cadenas televisivas, que trasmiten en vivo las imágenes de destrucción que a través de un ida y vuelta -feed baack- generan masivamente la psicosis terrorista a escala planetaria.

Por lo tanto, el arma «terrorismo» se ha convertido en una herramienta esencial para desatar conflictos y orientar conducta colectiva a través del miedo utilizado como estrategia de control político y social.

Los analistas del sistema, ignorantes vocacionales de las técnicas y estrategias de guerra psicológica que vehiculiza el rubro «terrorismo», califican a priori como «conspirativa» cualquier hipótesis que profundice en los objetivos políticos-imperiales de los actos terroristas, a los que consideran como obra exclusiva de «locos fundamentalistas».

De esta manera, Bush y la CIA pudieron tapar el verdadero hilo conductor de los ataques del 11-S que fue estudiado por varios expertos y revelados en informes considerados y clasificados como «conspirativos» por la ignorancia de la prensa oficial y convencional.

Precisamente, calificar como «conspirativas» las investigaciones sobre causa y efecto de las operaciones terroristas, es una metodología más que efectiva para esconder el objetivo y el beneficiario de las mismas y atribuirlas al «fundamentalismo fanático». 

Si se investigaran oficialmente las operaciones «terroristas» a escala global como se investigan los crímenes comunes, empezando por la búsqueda del beneficiario, ya estaría en claro la vinculación de la «guerra contraterrorista» lanzada por la Casa Blanca con las operaciones del «terrorismo» a escala global.

Los estudios e informes alternativos (ignorados y descalificados por la prensa oficial) sobre el  atentado del 11-S revelan con claridad que ese hecho dio origen al uso del  terrorismo como estrategia de Estado (imperial), que se demostró claramente con las invasiones de Irak y Afganistán como su consecuencia más inmediata.

Desde que la estrategia oficial del lobby sionista neocon (que controla a Bush y a la Casa Blanca) lo convirtiera en el «enemigo número uno» del planeta tras el 11-S, Bin Laden, una leyenda oscura de la CIA, siempre concita la atención mediática y genera adrenalina «conspirativa» en el público masivo.

Muchos expertos -dentro y fuera de EEUU- lo consideran como una «carta en la manga» que tiene siempre lista la Casa Blanca para distraer a la opinión pública y seguir alimentando la «guerra contraterrorista».

Cada vez que el nombre de Bin Laden (y su «red Al Qaeda») se hace presente en la prensa internacional, los especialistas («conspirativos») comienzan a escudriñar que se traen entre manos Bush y los halcones de su entorno.

Pero Bin Laden y Al Qaeda, son sólo las «estrellas máximas» de la constelación «terrorista», de la que se alimentan y retroalimenta una red de grupos «fundamentalistas islámicos» (controlados por la CIA y los servicios «occidentales») que actúan  a escala global.

Las «coincidencias» fortuitas, mantienen activas a esas células operativas del «terrorismo» que aparecen siempre en el momento y el teatro situacional adecuados.

Como ayer lo fueron Irak y Afganistán, hoy el teatro de operaciones está situado en Irán.

Y más allá de las coincidencias «fortuitas», la realidad cantante y sonante indica que el tablero iraní está al borde de un desenlace.

Esa es la lógica que emparenta y junta en un mismo escenario a Obama, la Casa Blanca, Israel, la Unión Europea y la OTAN.

El objetivo es Irán, y la herramienta del desenlace como siempre es el «terrorismo» (que hoy se pasea por la India, Irak y Turquía, en las puertas mismas de Europa).

Tiro de reglaje y «preparación de terreno» para operaciones militares en alta escala, según los expertos de la contrainformación.

Pura «teoría conspirativa», según la prensa del sistema.

(*) Manuel Freytas es periodista, investigador y analista, especialista en inteligencia y comunicación estratégica. Es uno de los autores más referenciados de la red. Ver sus trabajos en Google

Fuente : IAR Noticias

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